29 de abril de 2026
El pasado miércoles 29 de abril, Agustín Rosa ofreció una sesión sobre el impacto de la inteligencia artificial en nuestra vida profesional y personal. Con un enfoque muy práctico y cercano, fue explicando —con ejemplos y casos reales— cómo esta tecnología está cambiando la forma en la que trabajamos, nos comunicamos y tomamos decisiones. La idea de fondo fue clara: la IA ya está aquí y, bien usada, puede convertirse en una aliada para casi cualquier sector.
Durante la charla, Rosa recordó que cada gran cambio tecnológico suele venir acompañado de dudas y cierta resistencia. Mencionó ejemplos muy reconocibles: la digitalización de la contabilidad, la llegada de Google Maps o el crecimiento de plataformas como YouTube y Canva. En ese contexto compartió una de las frases que más resonó entre los asistentes: “La inteligencia artificial no viene a quitarnos el trabajo, sino a quitarnos la excusa para evolucionar”.
Uno de los puntos más interesantes fue la importancia de aprender a “preguntar mejor”. Según explicó, el verdadero valor de herramientas como ChatGPT no es solo que contesten rápido, sino que entiendan bien el contexto: cuanto más clara y concreta sea la instrucción, más útil será el resultado. A partir de ahí, distinguió entre quienes rechazan la IA de entrada, quienes la prueban por curiosidad y quienes ya la están incorporando de forma estratégica en su día a día.
A lo largo de la intervención fue poniendo sobre la mesa usos muy concretos de la inteligencia artificial. Por ejemplo, habló de cómo la automatización en la edición de podcasts puede recortar un proceso de unas veinte horas a apenas media hora. También comentó el análisis masivo de contenidos de YouTube para detectar tendencias, generar materiales docentes o extraer ideas útiles (insights) para empresas y organizaciones.
Otro bloque de ejemplos se centró en la experiencia de usuario y la comunicación digital. Uno de los casos que más llamó la atención fue el de una galería de arte en San Miguel de Allende: cada obra incluía un código QR que llevaba a audios generados con IA, textos explicativos y la opción de compra online. Con ello, se creaba una experiencia más inmersiva, accesible y fácil de seguir para cualquier visitante.
Eso sí, insistió varias veces en que el criterio humano sigue siendo imprescindible. Recomendó revisar y contrastar la información que generan estas herramientas, porque pueden cometer errores con mucha seguridad aparente. A este problema lo llamó “alucinaciones”: respuestas que suenan convincentes, pero se apoyan en datos incorrectos o directamente inventados. Puso como ejemplo algunos casos reales en el ámbito académico y jurídico, donde no verificar a tiempo provocó fallos importantes.
También habló de cómo las organizaciones van a cambiar en los próximos años. La IA, explicó, permitirá conectar datos, departamentos y procesos casi en tiempo real, lo que dará una visión mucho más completa para tomar decisiones. En ese escenario, la diferencia no estará solo en “saber usar ChatGPT”, sino en desarrollar pensamiento crítico, capacidad de análisis y buenas habilidades de comunicación.
La sesión terminó con una invitación a perder el miedo y empezar a experimentar. Rosa lo resumió con una idea muy directa: “toda tarea repetitiva que nos lleve más de tres horas probablemente podrá automatizarse”. Con ese mensaje final, animó a los asistentes a aprender, probar herramientas y adaptarse a un entorno profesional que cambia a gran velocidad.